Sant Jordi y la rosa rosa

Había un dragón que con su gran boca mataba y se comía los rebaños. Los caballeros más valientes intentaron matarlo pero el dragón no se rendía con facilidad.
El terror que el dragón generaba en el pueblo y en toda la comarca hizo que el rey convocara a todo el pueblo y acordaron darle a la bestia un par de corderos cada día, lo que calmó el dragón y dejó tranquilos al pueblo.
Cuando se acabaron los bienes, le dieron bueyes y caballos, y cuando ya no disponían de ningún animal, decidieron que, por sorteo entre los habitantes del pueblo, cada día le entregarían a una persona. La hija del rey era la encargada de realizar el sorteo.
En medio de la plaza, rodeada de todo el pueblo, la princesa extrajo el nombre del primer pueblerino destinado a sacrificarse. ¡Resultó ser ella! Todo el mundo empezó a llorar, pero la princesa salió a cumplir el acuerdo. Se despidió de sus padres, de la gente de la corte y del pueblo, y se fue hacia el bosque en busca de la casa del dragón.
El bosque era precioso, pero la doncella no hacía otra cosa que rezar a Dios. De repente, se sorprendió al ver a un joven caballero delante de ella, armado de pies a cabeza y cabalgando en un caballo blanco.
La princesa le rogó al caballero que no se expusiera por ella a una muerte segura. Él le dijo que se llamaba Jordi y que venía de otro pueblo para salvarla.
En ese momento se presentó el dragón. Luchó contra él. La lucha fue larga. La bestia bramaba, sacaba fuego por los ojos y levantaba nubes de polvo aleteando las alas, pero el caballero al fin le clavó la espada bajo el ala izquierda, donde tenía el corazón.
Entonces el caballero le pidió a la princesa su cinturón. Lo cogió y con aquella cinta ató el dragón por el cuello y le dijo a la princesa:

– El dragón está vencido y os seguirá como un cordero.

 

En medio de la plaza los esperaba todo el pueblo. Con otro golpe, sant Jordi remató al dragón que, al morir, se fundió en el suelo. Delante de los ojos admirados de todos, donde el dragón se había fundido, creció un rosal de rosas rosas. San Jordi recogió la más bonita y se la regaló a la princesa.
Entre los gritos de alegría de todo el pueblo salió por la puerta, que hoy en día es conocida por el portal de sant Jordi.

Aprendiendo

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